Descubrí  Cataluña  en cinco días.

Descubrí  Cataluña  en cinco días.

Kilómetros de costa sobre el Mediterráneo, ciudades emblema de la arquitectura moderna, parques naturales y pueblos que parecen detenidos en la Edad Media. Conocé los atractivos imperdibles de esta región.

Cataluña es mucho más que Barcelona, pero, sin duda, esta ciudad es el epicentro de la cultura, la arquitectura y la gastronomía, y por lo tanto, un excelente punto de partida para arrancar el recorrido por esta región española. 
Barcelona es una ciudad a la que vas a querer volver. Vale la pena que camines por sus calles y te pierdas en sus barrios que están repletos de curiosidades e historias. Los detalles de sus edificios, callecitas y ferias te van a fascinar. 

Día uno

¿Cómo recorrer Cataluña en 5 días? |ICBCBarcelona y la arquitectura modernista, cuyo máximo exponente es Gaudí, son casi sinónimos. Por eso, una buena idea es empezar bien temprano en el Barcelona Bus Turístic, cuyas rutas te van a brindar un primer acercamiento al espíritu de la ciudad. Todas comienzan en Plaça Catalunya y te recomendamos elegir la que pasa por la Sagrada Familia, Gràcia, Park Güell, el Tibidabo, Pedralbes y el estadio del Fútbol Club Barcelona.
La ruta arranca en la basílica inconclusa de Gaudí, su obra maestra y el símbolo de la ciudad que, a pesar de estar siempre repleta de gente, bien vale una visita. ¿Un consejo? Sacar tickets anticipados y pagar el plus para no hacer fila. Frente a la basílica se sitúa El Recinte Modernista de Sant Pau, hermoso edificio con la firma del arquitecto Lluís Domènech i Muntaner donde en el pasado funcionó un hospital, hoy convertido en un centro cultural. La siguiente parada es el Park Güell, Patrimonio Mundial de la Unesco, donde la arquitectura de Gaudí y la naturaleza se dan la mano. Si bien tiene una zona que es de libre acceso, lo mejor es conocer el recinto monumental, donde se concentran los rincones más imponentes y característicos de este parque que comenzó a construirse a inicios del siglo XX. 
Para almorzar, una buena opción es hacer un alto en el barrio de Gràcia, que tiene un aire bohemio, lleno de restaurantes y barcitos para visitar de día o de noche. 
A la tarde, podés hacer una caminata guiada y adentrarte en el Passeig de Gràcia y el Quadrat d'Or y maravillarte con edificios como la Pedrera y la Casa Batlló, de Gaudí. Por la noche, si querés conocer los lugares más top, la vuelta obligada será por el barrio del Born, que combina lo antiguo y lo moderno de una manera muy original. 

Día dos

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La jornada empieza en Ciutat Vella, el casco medieval de la ciudad, más precisamente en el Barrio Gótico, donde el plan es perderse en sus callejuelas y deleitarse con sus joyas arquitectónicas y gastronómicas (imperdible un paseo por el Mercado de la Boquería, en la Rambla y las famosas chocolaterías del Carrer de Petritxol). Allí vas a encontrarte con la Catedral, las construcciones medievales de la Plaça del Rei y otras plazas como la del Pi, Sant Jaume y la Nova. 
Por la tarde, podés programar una visita al estadio de Fútbol Club Barcelona, recorrer su museo y vivir la experiencia de entrar en el campo de juego desde los vestuarios como lo hace Messi-, pasear por la Barceloneta y hacer playa. También podés conocer el Laberinto de Horta, el parque más antiguo de la ciudad que cuenta con un jardín neoclásico del siglo XVIII. Si querés contemplar la ciudad desde otro ángulo, una buena idea es subir a Montjuïc, una montaña junto al Puerto de Barcelona que es un mirador privilegiado al que se accede a pie o en teleférico. En la cima podés visitar su Castillo, la Fundación Miró y recorrer museos y jardines. 

 

Para cerrar el día, la Plaza Real, bajando la Rambla, ofrece variedad de restaurantes y bares al igual que el Maremàgnum una zona de recreación repleta de locales comerciales y diversión ubicada en el Port Vell, de cara al Mediterráneo.

Día tres

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La recomendación es alquilar un auto y lanzarse a recorrer algunos de los lugares más lindos de la Costa Brava: 200 kilómetros con playas y pueblitos de pescadores. 
La Fosca, en Palamós, está a una hora y media desde Barcelona. Extensa, tranquila y familiar, esta playa ofrece las mejores vistas para caminar junto al mar y es ideal para entrar al agua con los más chicos, ya que no tiene pendientes pronunciadas ni muchas rocas en el fondo. Muy cerca (se puede ir a pie) se encuentra S´Alguer, un pequeño poblado de pescadores que parece una postal y que fue declarado Bien de Interés Cultural. El paisaje de mar y casas blancas de la próxima parada, Calella de Palafrugell, es tan lindo que inspiró a Serrat a componer su canción Mediterráneo y es un buen lugar para llegar al mediodía y comer en alguno de sus pintorescos restaurantes. Ya en el pueblo de Tamariu, la cala de Aigua Xelida, de agua turquesa y rodeada de pinos, es uno de los secretos mejor guardados de la Costa Brava y es ideal para practicar esnórquel. Se llega caminando dos kilómetros desde el centro urbano. 

Otra recomendación es que llegues hasta Begur, donde veranean los barceloneses, colmado de playas divinas como Aiguablava, Platja Fonda, Fornells y Sa Tuna. El pueblo de esta última, con sus casitas llenas de flores, merece una caminata al atardecer. ¿Te gusta la fotografía? Preparate para llevarte las mejores postales. Si avanzás hacia el norte, vas a poder arribar a Cadaqués, el punto más alto sobre el mar en esta parte del país, cuyas casitas blancas frente al océano y calles laberínticas conquistaron a Marcel Duchamp, Picasso, Miró y Dalí. Imperdible visitar la Casa-Museo Salvador Dalí, donde el artista surrealista tenía su taller. ¿La recomendación? Sacar el ticket con anticipación ya que el ingreso es sólo para grupos reducidos.

Día cuatro

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Luego de hacer noche en Begur o Cadaqués, la flecha de la brújula indica adentrarse en el territorio de la provincia de Girona para descubrir algunos de los poblados medievales que atesora la comunidad autónoma de Cataluña. Uno de ellos, Besalú, ubicado en la comarca de La Garrotxa, merece una visita de todo un día y está a unas dos horas en bus desde Barcelona. La carta de presentación de este pueblito es su puente románico de piedra de 145 metros sobre el río Fluvià, que basta cruzar para sentirse en otro tiempo. 
Si en la Edad Media allí vivían unas mil personas, hoy el número asciende solo a 2.500. La impronta de la convivencia durante siglos de judíos y cristianos se respira en Besalú, repleto de iglesias, monasterios, plazas y sinagogas. ¿Qué visitar? La iglesia- hospital de Sant Juliá, la Casa Cornellá, la sinagoga, el monasterio de Sant Pere y el Castillo de Besalú. También deberías adentrarte en las callecitas del viejo barrio judío, donde podés apreciar los “micwe”, antiguos baños del siglo XII que utilizaban para purificar su cuerpo. Son los únicos que se conservan en España. 


Una buena idea es seguir ruta hasta Beget, un pueblo diminuto que se mantiene casi intacto desde tiempos medievales, que suele pasar desapercibido por el turismo y que podés recorrer en una hora. Sus principales atracciones son la Iglesia de Sant Cristòfol, un templo de estilo románico (sólo puede visitarse sábados y domingos), sus puentes medievales y casitas de piedra. A la vez, es elegido como parada o inicio de ruta por los amantes del ciclismo de montaña y del senderismo. La sorpresa: cuenta con uno de los mejores restaurantes de la zona, el Can Jeroni, que propone platos tradicionales catalanes elaborados con productos de la zona y un toque moderno. 
Está ubicado junto a uno de los puentes, tiene vistas a la iglesia y una terraza divina. En temporada alta conviene reservar.

Día cinco

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Cataluña tiene atractivos para todo tipo de preferencias. Si te gustan las experiencias en contacto con la naturaleza, no podés perderte una visita al único Parque Nacional de Cataluña, Aigüestortes y Lago de Sant Maurici, en la provincia de Lérida, a dos horas en auto desde Barcelona. 
Lo mejor es comenzar el día bien temprano porque el parque, ubicado en el centro de los Pirineos, tiene más de 40 hectáreas con cumbres de más de 3 mil metros de altura, serpenteadas por ríos, cascadas y más de 200 lagunas de color turquesa y lagos de origen glaciar que dan cobijo a una flora y una fauna variada. Ofrece itinerarios guiados, distintas rutas y excursiones para hacer senderismo y descubrir sus rincones encantados, con distinto grado de dificultad, y la posibilidad de recorrer algunos tramos en vehículos 4x4. 
Si, en cambio, te quedaste con ganas de ahondar en el legado romano, no podés dejar de visitar Tarragona, a poco más de una hora de Barcelona, es una ciudad que mantiene los vestigios de la antigua civilización y regala experiencias imperdibles como cenar bajo las bóvedas del circo romano, caminar por antiquísimos callejones y disfrutar de sus playas de arena fina y dorada, con suave pendiente. ¿Sus hitos? Sin dudas, el conjunto arquitectónico romano, cuyas gemas son el anfiteatro frente al mar (construido en el siglo II), con gradas excavadas en la roca; el foro provincial y el circo romano (siglo I) que es uno de los mejores conservados. Además, es muy recomendable visitar el Museo Nacional Arqueológico de Tarragona y darse una vuelta por la preciosa playa de Tamarit, además de comer en alguno de los tantos restaurantes de Serrallo, su pueblo de pescadores.

Imposible que te aburras en tierras catalanas. Dejate sorprender y maravillar con su historia, paisaje, cultura y la calidez de su gente.
 

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