Slow travel, la tendencia de viajar sin prisa

Slow travel, la tendencia de viajar sin prisa

Si solés regresar de tus vacaciones casi más cansado que cuando las iniciaste, esta modalidad de turismo es para vos. Descubrí los beneficios de recorrer a paso lento.

Slow Travel - Viajes y destinos sin apuros |ICBC


En un mundo vertiginoso en el que todos estamos siempre a mil, hay espacio, sin embargo, para adoptar –o acaso intentarlo- una vida más tranquila, más pausada. Esto propone el movimiento slow que, allá por los años ’80, nació aplicado a la alimentación y que, poco a poco, se amplió para concebir de una manera diferente la educación, la vida urbana y otros aspectos ligados a los hábitos y costumbres de las personas.

¿Pero qué pasa cuando el concepto llega al turismo? Nace el slow tourism -también llamado slow travel o, directamente, turismo lento- que lo que básicamente propone es entender a las vacaciones como un momento de verdadero descanso, una oportunidad para conocer otras culturas y, sobre todo, para involucrarse y mimetizarse con las habitantes de un destino en el que elegís vivir como un lugareño más. 
Lo que  plantea esta tendencia es que, en lugar de desesperarte por visitar la mayor cantidad de ciudades o sitios posibles en cada viaje, te des tiempo para socializar, frenar el ritmo y elegir sólo una o dos actividades para hacer a diario y permanecer varios días en los pocos destinos que deberías seleccionar. 

 

Nada de agendar recorridos, museos, monumentos y compras  en demasía. Vayas a un destino urbano o rural, la idea es que formes parte de él y no seas un mero visitante que mira todo con cierta distancia. 
El concepto de slow tourism comulga perfecto con la idea de “menos es más”.

Características principales

Slow Travel - Viajes y destinos sin apuros |ICBC

  • Los destinos ideales para practicar turismo lento no suelen ser los grandes centros urbanos ni las principales capitales, sino lugares del circuito off del turismo.
  • Se consideran destinos slow a aquellos que tienen menos de 50 mil habitantes.
  • Deberías estar en cada sitio que elijas al menos una semana para poder familiarizarte sin prisa con sus rincones y habitantes. Nada de ir de pueblo en pueblo porque terminás por conocer muchos pero ninguno en profundidad.
  • Prohibido apurarse para seguir un itinerario apretado. La idea es que al terminar el viaje no sientas que necesitás unas vacaciones extras para descansar de las primeras.
  • ​​La clave es alojarte en departamentos de alquiler, cabañas, pequeños apart-hotels o hostels para poder cocinar, ir al mercado local y tener una conexión más cercana a los ciudadanos, en lugar de rodearte de turistas.
  • Slow travelEs fundamental tener días libres, sin agenda, sin planes, librados a la espontaneidad. El slow tourism te da la libertad de elegir adónde ir y  qué hacer sin ni siquiera planearlo. Mediante un paseo en bicicleta, por ejemplo, podés descubrir los secretos, las personas y las historias más interesantes de cada sitio.
  • Podés hacer un curso de cocina, estudiar un idioma o incorporarte como voluntario en alguna ONG local, ya que también es una buena manera de involucrarte con el lugar, su gente, su cultura y su idiosincrasia.
  • Los turistas slow son siempre muy respetuosos con el entorno.

 

5 valiosos beneficios

Además de sentir que tus vacaciones son realmente un momento de disfrute, de paz, de encuentro y de desconexión con tu rutina, hay más beneficios que debés conocer.

Disfrutás de unos días bajo el concepto de vivir el lugar, en oposición al de estar en un lugar. Podés ir a correr o a caminar por las mañanas; ir a tomar o comer en algún pequeño restaurante fuera del circuito turístico que te permitirá degustar los sabores de la cocina local y charlar con los lugareños; o también ir de compras al mercado para conocer los productos regionales y sabores nuevos para tu paladar.

No tenés la presión de conocer los must de cada destino. Es decir, podés visitar algún museo, monumento, catedral o shopping considerado imperdible por el circuito turístico tradicional, pero no tenés por qué cumplir con las expectativas ni con los tiempos impuestos por un programa estructurado, o una excursión en la que termines agotado. 

Tenés la oportunidad de formar parte, al menos por unos días, de la vida local del lugar que elijas, adoptar nuevas costumbres, entender otros estilos de vida y distintas maneras de pensar que van a enriquecerte y abrir tu mente de un modo especial.

Si elegís un destino rural, tenés la chance de conocer las actividades productivas locales en primera persona, así como los paisajes, sus productos de estación y renovarte con la paz que te aportará la quietud bien entendida y la contemplación activa.

Resulta ser más económico porque no tenés gastos en múltiples excursiones, actividades y tickets; tampoco en exceso de traslados porque no tenés que andar de aquí para allá. 

Tiempo para relajarte y encontrarte con vos mismo y el entorno, son algunas máximas que vas a poder vivenciar y aprovechar si practicás el slow tourism.

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