Cuando la cultura nos completa

Cuando la cultura nos completa

Por Mariana Arias

Ninguna obra está totalmente acabada sin la participación del público. Para Cortázar, la cultura es un intento de comunicarse, de construir puentes. El autor de Rayuela entendía que un texto no se encuentra realizado sino en la medida en que logra hacer partícipe al lector. Asimismo, Stanislavski (actor, director escénico y maestro teatral ruso) guiaba a los actores a reproducir en sus personajes su propio mundo emotivo para proyectar en el público una mayor verosimilitud. En cine, Martin Scorsece asegura que los mejores directores están intentando crear un sentido de comunión con el espectador. También el artista Guillermo Kuitca coincide y dice: “El arte está en aquella experiencia que sucede entre la obra y el que la observa”.

Cada uno moldea la creación de un hacedor, pero eso no nos convierte en artistas. Somos receptores afortunados que, gracias a la lectura de un libro o a la apreciación de una obra de arte, crecemos intelectual y espiritualmente. Cada día, cada minuto, se inventan obras que nos engrandecen como humanos. El arte, la literatura, el teatro, el cine, la música son manifestaciones de nuestra cultura. Exponen formas de pensar, de vivir, nos permiten reflexionar sobre nuestros conflictos y muchas veces resolverlos. Nos ayudan a ser más libres. Hay que animarse a vivir la cultura, entregarnos a sus códigos y dejar que nos transforme. Por eso quiero recomendarles algunas experiencias que, en los últimos días, me han movilizado profundamente

En primer plano, la última nóvela de Arturo Pérez Reverte, Eva (Alfaguara 2017), que tiene como protagonista al entrañable Lorenzo Falcó, personaje que nació con su novela anterior y que continúa seduciéndonos en ésta. La protagonista es una mujer, tan seductora y misteriosa como él. Ambos, Lorenzo y Eva, son espías que actúan en medio de la guerra civil española. Un mundo en el cual nos introduce Pérez Reverte, quien vivió 21 años siendo cronista en las guerras del Golfo, Bosnia, Malvinas, El Salvador, Eritrea, Angola, el Líbano. Muchas de las sensaciones, sentimientos, vivencias propias, son las que comparte con un personaje que puede ser el asesino más despiadado y al mismo tiempo tener lealtad, valentía, solidaridad. Reglas que sólo pueden ser tan extremas cuando lo que acecha es el peligro, la muerte. El autor, con una descripción atrapante y minuciosa, nos introduce en el mundo de la ciudad de Tánger, en 1937, colmada de tráficos ilícitos, donde el espía tiene un encargo casi imposible de lograr. Del otro bando, una mujer (Eva) que ya lo había deslumbrado con su valentía y entrega, una dama que no duda en arriesgar todo por un ideal, mientras que Falcó es un hombre que no tiene ideología. Hay seres que están hechos para vivir en medio de la incertidumbre, en un contexto que los mantiene alertas, preparados para lo imprevisto. Según Perez Reverte, el peligro puede ser un estímulo de vida: “Cuando el ser humano tiene que luchar para sobrevivir y tiene que hacerlo con su inteligencia, poniendo su cuerpo, ahí se dejan de lado las reglas, se pierde la moral". ”El ser humano se convierte en un animal peligroso que ha sido modelado por la cultura, por la civilización y pierde ese disfraz ante el peligro, la ambición, la política, la necesidad, el hambre”. Eva es una novela que se devora justamente porque tiene la capacidad de que como lector te sientas por momentos protagonista. 

Re-loca, el film estrenado el 5 de julio y que tiene como protagonista a Natalia Oreiro, nos enfrenta con la historia de una mujer, que podría ser cualquiera de nosotras. Una mujer que se toma su propia vida con paciencia y cierta aceptación. Pilar se ha convertido en una exitosa publicista, está en pareja con un artista al que le perdona todo: su desorden, sus olvidos. Comprende a cada uno de los que se cruzan por su vida, sin escucharse demasiado a sí misma, no sólo en la relación de pareja, sino en tantas otras situaciones: trabajo, amistad, familia. Acepta sin cuestionarse, vive sin saber qué es lo que realmente quiere, quién es, qué le apasiona realmente; sin saber si está en el lugar en el que quiere estar. Hasta que un factor desencadenante cambia su vida. Un encuentro espiritual, que funciona como placebo para su cambio, la hace reaccionar. ¿Qué pasaría si empezaras a decir lo que realmente sentís y pensás? ¿Qué sucedería si enfrentaras cada momento sin represiones? Seguramente aparecerían calificaciones como: ¡Estás re-loca! O te comentarían: ¡Qué susceptible que sos! O ¡Qué paranoica te pusiste! Cosas parecidas le empiezan a pasar a Natalia Oreiro en su interpretación de Pilar y las resuelve de maravilla, con ritmo y con momentos de intensidad dramática que hasta te pueden hacer llorar cuando lográs identificarte con los conflictos del personaje. Y entonces afloran las preguntas: ¿Cómo encontrar el equilibrio? ¿Cómo estar conectado con quien sos, con lo que realmente querés? ¿Se puede decir lo que pensás y sentís sin dañar a nadie?
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Cuando la cultura nos completa por Mariana AriasFrágil, el stand up de Sebastián Wainraich, nos permite recorrer todos los estados en una hora. De la risa a la emoción, en un teatro tradicional como El Liceo, que se ha transformado en un espacio donde habita lo más nuevo de la comedia. Versátil, profundo, irónico, Sebastián Wainraich aparece en el escenario del teatro Liceo Comedy con su valija de clown y expone su historia con total franqueza, y la supuesta fragilidad (que le da nombre al espectáculo) se convierte en fortaleza a medida que el stand up avanza sobre su propia vida, sus pasiones, su familia, sus miedos y hasta su versión de una típica mujer de clase media que supuestamente podría tener la edad de su madre. Wainraich se plantea si salir o no de la zona de confort. Y se ríe de la imagen trillada que nos remite a una permanente invitación que se puso de moda. ¿Qué es salir de la zona de confort? "La vida es densa y a la vez es frágil", dice Sebastián, en la cual entran la discriminación, la corrección política, el ser judío, el fútbol, la religión, la muerte y la vejez. El guionista y actor pasa de decir un monólogo desenfrenado, que nos lleva al máximo de la risa, a convertirse en un personaje que busca calma para reflexionar, para sentir. Se aproxima y nos acerca, sin que nos demos cuenta, hacia zonas más vulnerables. Y plantea desde el comienzo una pregunta: ¿Es mejor tomarse la vida en serio o hacerse el distraído y vivirla como viene? Para reflexionar en medio de carcajadas y aplausos.

 


Hasta fines de octubre, en el Museo Malba, estarán colgadas 30 obras de dos interesantes fotógrafos estadounidenses que integraron un movimiento llamado “Pictures Generation”. Una vertiente que buscó cuestionar la idea de originalidad en la creación y tomó elementos de la publicidad y del consumo, recreándolos con el fin de criticar su valor. Cindy Sherman y Richard Prince son los protagonistas de esta muestra que los trae por primera vez a Buenos Aires. Ambos son figuras clave del arte contemporáneo de su país, y las piezas que se exhiben vienen de la colección de Astrup Fearnley Musset de Oslo; son representativas de las series que tanto Sherman como Prince produjeron a lo largo de su carrera. Ellos son artistas esenciales de la escena neoyorquina de los años 70, trabajaron la idea de apropiación y transformación de la imagen, en sus obras muestran la artificialidad que existe en la creación, en la ficción y cuestionan la definición tradicional de arte. Son destacadas las fotografías que Cindy Sherman tomó de ella misma imitando a distintas mujeres protagonistas de series B; y las fotos en las que Richard Prince rescata de los anuncios del consumo masivo (Malboro) a los vaqueros y recrea imágenes de Cowboys. “Estamos inmersos en una cultura visual que aún persiste, y hasta podría pensarse que está más presente aún que en sus inicios, lo cual hace que las propuestas de ambos artistas sigan teniendo vigencia”,  señala Victoria Giraudo, su curadora. Recordá que, con tus tarjetas ICBC, contás con 20% de ahorro en las entradas al museo y 10% de ahorro en Malba Tienda.


La filosofía es la actitud más natural del hombre, la más humana. Si hoy saliéramos de un coma nos preguntaríamos: ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Adónde voy? Venimos a la vida sin que se nos explique cuál es nuestro papel en la existencia. Lo cierto es que nacemos como bebés que no comprenden y que se van acostumbrando a las definiciones de sus padres, abuelos, de la escuela, hasta verlas como lo más natural. Cuando la inteligencia se desarrolla nos enfrentamos a la sorpresa,  a la ignorancia frente a lo que nos rodea, al por qué de ciertas definiciones de la cultura. Está en nosotros entregarnos o no a las preguntas que se nos plantean, a las preguntas filosóficas. Merlí, la serie que estrenó su tercera, y última, temporada en Netflix, tiene como protagonista a un profesor de filosofía atractivo, rebelde, quien está muy lejos de ser políticamente correcto, aunque sí está muy cerca de sus alumnos y tiene la capacidad de seducirlos. Su palabra es capaz de transmitir el entusiasmo innato (que puede estar dormido en la mayoría de los adolescentes y en otros no tanto) por la filosofía y la necesidad de preguntarse de qué va la vida, cuál es el sentido de lo que nos rodea. Dice Merlí: "Cuestionen todo, háganse preguntas, generen debate”. La serie recorre temas actuales sin prejuicios y plantea la posibilidad impostergable de pensar la educación, de cuestionarnos la manera en que algunos docentes intentan llegar a los alumnos, muchas veces sin lograrlo. Lo hacen de una forma que se convierte en inútil para el mundo que vivimos, un mundo que cambia con vertiginosidad imparable.  Merlí trae una manera creativa de romper las reglas establecidas, sin perder "el amor¨, al contrario, poniéndolo en el centro de la vida. Cada capítulo de las tres temporadas (disponibles en Netflix) plantea la pregunta de un filósofo en particular y así nos presenta a los grandes pensadores. 

Esta es apenas una muestra de la paleta importante de ofertas en materia de arte y espectáculos. Obras que nos modificarán por dentro y a las cuales, nosotros mismos, completaremos con nuestra mirada y participación, que nunca es pasiva, neutral o inocente.